Guía de Lentes Progresivas
¿Cómo acostumbrarse a ellas?
Si has cumplido los 40 o 45 años, es muy probable que hayas empezado a notar que los textos "se encogen" o que necesitas estirar el brazo para leer un mensaje en el móvil. Es la llegada de la presbicia o vista cansada. La solución más avanzada y estética son las lentes progresivas.
Sin embargo, pasar de unas gafas monofocales (de una sola distancia) a unas progresivas requiere un proceso de aprendizaje. En esta guía te explicamos todo lo que necesitas saber para que tu transición sea un éxito total.

¿Qué son exactamente las lentes progresivas?
A diferencia de las bifocales antiguas, que tenían una "luneta" o línea visible en la parte inferior, las lentes progresivas son superficies ópticas complejas que permiten ver a todas las distancias de forma gradual y sin cortes.
Dentro de un mismo cristal, encontramos tres zonas principales:
- Zona Superior (Lejos): Diseñada para actividades como conducir, ver televisión o caminar.
- Zona Intermedia (Media distancia): Ideal para trabajar con el ordenador o ver el cuadro de mandos del coche.
- Zona Inferior (Cerca): Optimizada para la lectura o el uso del smartphone.
El periodo de adaptación: ¿Por qué cuesta al principio?
Cuando estrenas progresivos, tu cerebro debe aprender a "seleccionar" la parte del cristal por la que debe mirar según lo que quieras enfocar. Al principio, es normal experimentar:
- Sensación de balanceo al caminar.
- Ligera visión borrosa en los laterales (zonas de aberración).
- Necesidad de mover la cabeza más de lo habitual.
El tiempo medio de adaptación oscila entre unos días y dos semanas. Si sigues estos consejos, reducirás ese tiempo drásticamente.
Consejos prácticos para una adaptación rápida
1. No alternes con tus gafas viejas
Este es el error más común. Si te pones las gafas viejas cuando te sientes cansado, "engañas" a tu cerebro y reinicias el proceso de aprendizaje. Usa tus nuevas gafas progresivas desde que te levantas hasta que te acostas.
2. Aprende a mover la cabeza, no solo los ojos
En unas gafas normales, mueves los ojos hacia los lados. En las progresivas, debes apuntar con la nariz hacia lo que quieres ver.
- Si quieres mirar algo a los lados, gira la cabeza.
- Si miras de reojo por los laterales del cristal, verás borroso debido a la física de la lente.
3. Para leer: baja la mirada, no la barbilla
Para leer un libro o el móvil, mantén la cabeza en una posición natural y baja únicamente los ojos hacia la parte inferior del cristal. Si bajas la cabeza, estarás intentando leer por la zona de visión lejana y no verás nada.
4. Cuidado con las escaleras
Al bajar escaleras, tendemos a bajar la mirada. Al hacerlo, nuestros ojos pasan por la zona de lectura (cerca), lo que hace que los escalones se vean borrosos o más grandes de lo que son. Truco: Inclina un poco la cabeza hacia el pecho para mirar los escalones por la zona de lejos (parte superior del cristal).
La importancia de una buena elección
No todas las lentes progresivas son iguales. Existen diferentes gamas:
- Gamas Básicas: Tienen campos de visión más estrechos y más distorsión lateral.
- Gamas Premium o Digitales: Se fabrican a medida según tu fisonomía y la montura, ofreciendo campos de visión mucho más amplios y naturales.
Además, la montura debe estar perfectamente ajustada. Si la gafa se resbala o está torcida, los centros ópticos no coincidirán con tus pupilas y la adaptación será imposible.
Preguntas Frecuentes
¿Puedo conducir con lentes progresivas?
Sí. De hecho, son ideales para conducir porque te permiten ver la carretera (lejos) y el cuentakilómetros o el GPS (intermedia) con total nitidez sin cambiar de gafas.
¿Por qué me mareo al caminar?
Es el llamado "efecto balanceo". Se produce porque las zonas laterales de la lente tienen una ligera distorsión. Tu cerebro se acostumbrará a ignorar esa información visual en pocos días.
¿Son mejores las gafas progresivas que las bifocales?
Sin duda. Las bifocales solo tienen dos distancias y un salto brusco de imagen. Las progresivas ofrecen una visión continua, son más cómodas para el uso del ordenador y estéticamente son idénticas a una gafa normal.
¿Qué pasa si después de un mes no me adapto?
Si después de 3 o 4 semanas de uso constante sigues con molestias, acude a tu óptico. Puede que necesites un pequeño ajuste en la montura o que la graduación requiera una revisión. La mayoría de los fabricantes ofrecen una garantía de adaptación.
